Menos Tecnología – Más Experiencia

En esta pandemia el proceso de adopción de la tecnología para la docencia fue tan abrumador que eclipsó la importancia de la experiencia educativa.

El 2020, el Coronavirus trajo consigo la incorporación brutal de las tecnología en la docencia. Las instituciones de educación en todo el mundo se vieron obligados a reaccionar trasladando sus clases presenciales “tal cual” a plataformas tecnologías para dar continuidad a su labor educativa. Dado lo anterior, en la mayoría de las Instituciones de educación superior este proceso fue tan abrumador que opacó la experiencia educativa.

Pasado más de cuatro meses del inicio de la pandemia en Chile, y cuando ya todos estamos un poco más “subidos” en la adopción de las tecnologías para la enseñanza, podemos ver algunos efectos de las acciones que tomaron las instituciones educativas para enfrentar la emergencia.

Como es de público conocimiento, el COVID-19 ha tenido un tremendo impacto en el ámbito educativo. Por un lado, ha dejado en evidencia que existe una enorme brecha digital tanto de acceso como de competencias digitales, y por otro, durante el periodo de distanciamiento social, tanto docentes como estudiantes han sufrido duros efectos de una experiencia educativa improvisada:

«A partir de experiencias de interrupción forzada del año escolar, como resultado, en ausencia de una respuesta educativa intencional y efectiva, es probable que la pandemia COVID-19 genere la mayor disrupción en oportunidades educativas a nivel mundial en una generación». (Reimers & Schleicher, 30 de marzo de 2020).

En este contexto, quiero compartir la experiencia de una institución educativa que reaccionó distinto a la generalidad de ellas, y que ha obtenido resultados diferentes. Se trata de Estudio Paisaje, una escuela de paisajismo chilena, que al igual que la mayoría de las instituciones no estaba preparada para trasformar su forma de enseñar de un día para otro y cuya principal dificultad para hacer clases online era la naturaleza práctica de su disciplina.

Lo interesante de esta experiencia es que tuvieron la lucidez de no actuar precipitadamente: reaccionar. Se detuvieron a evaluar sus condiciones e identificaron sus fortalezas y debilidades para enfrentar esta crisis,  luego, optaron por priorizaron el cuidado de sus docentes, dado que ellos eran agentes claves de su quehacer educativo. Su fortaleza era que contaban un equipo de docentes expertos en sus disciplinas, comprometidos y dispuestos (valor distintivo de la Escuela), y sus debilidades consistían en que carecían de competencias digitales y tecnologías adecuadas para dar clases online.

Con estos antecedentes, se propusieron enfrentar este contexto complejo poniendo foco en encontrar la forma de replicar la experiencia educativa que debía vivír el estudiante en las clases, experiencia que era lo más importante que ofrecían, y a su vez, evitando complejizar la labor educativa, al exponer a los docentes a aprender herramientas tecnológicas en condiciones de adversas.

Primero, fue necesario conocer cómo estaban viviendo esta crisis los docentes. Se les reunió para compartieran sus incertidumbres y miedos, y evidenciaran que todos estaban viviendo lo mismo. En esta instancia, también, se sinceraron las condiciones críticas en las que se estaría trabajando de ahí en adelante. Parte de esas condiciones eran el cambio de las clases (presenciales), que hasta ese momento era un espacio seguros para los docentes, a un ambiente nuevo desconocido, como lo era el entorno virtual de enseñanza.

En segundo, habría que adaptar la forma de crear las experiencias de enseñanza aprendizaje, de tal forma de asegurar que se generaran las interacciones significativas necesarias entre docentes y estudiantes para lograr el aprendizaje. Y en tercer lugar, con la convicción de que era clave no complejizar las tareas del docente se aplico la lógica de que “menos es más, vale decir, se definió utilizar tecnológicas menos sofisticadas-complejas para replicar la instancia educativa,aquellas que estuviesen más a mano y que fuesen fáciles de usar, tanto para profesores(as) como para estudiantes. Se esperaba que mientras menos plataformas y canales de comunicación tuviesen que manejar los docentes, mayor posibilidad de enfocarse en generar la situación de aprendizaje. Con estas determinaciones se pusieron a trabajar.

Al poco andar y casi sin darse cuenta, la barrera de la tecnología ya no era tal, sino más bien, se había convertido en un factor que despertó la creatividad de los docentes. Los docentes tuvieron especial cuidado de ir comprobando sí los experimento que hicieron con sus estudiantes, daban los resultados esperados. Descubrieron que esta modalidad les permitía tener una relación más personalizada con sus alumnos,  ente otras varias ventajas. Además, tomaron consciencia de que sus materiales requería ser modificados e incluso que debería desarrollar material adicional con características distintas para poder atender toda la necesidad de esta situación educativa online.

Una vez que los docentes se apropiaron del desafío, comenzaron a probar estrategias para replicar situaciones que en lo presencial era trivial y que ahora en lo virtual resultaban mucho más difíciles. Al mismo tiempo, intercambiaban datos y sugerencias contando lo que a cada uno le resultaba mejor para dar solución a estas nuevas formas de enseñar. Compartir las buenas prácticas se fue convirtiendo en una forma de trabajar. Con el tiempo, los docentes mejoraron sus clases, materiales e interacciones, adecuaron sus contenidos y fueron probando nuevas tecnologías.

Si bien, el trabajo práctico era y sigue siendo el mayor desafío de esta Escuela, se fue logrando replicar algunas partes de la experiencia con el acompañamiento cercano del docente, que guiando paso a paso al estudiante en la experimentación lograban vivir la situación esperada. Esto ha significado un avance en el trabajo práctico en alguna medida.

Esta crisis sanitaria que los ha obligado a cambiar su manera de hacer las cosas, que a primera vista ponía en peligro la continuidad a la Escuela, con el tiempo se fue trasformando en una oportunidad de ampliar su oferta y alcance. Actualmente, Estudio Paisaje, como resultado de su estrategia para enfrentar el Covid, en primer lugar, ha podido continuar dando el 100% de los cursos y el diploma al igual que el año anterior, también ha abierto el acceso a estudiantes de otras regiones de Chile y Latinoamérica. En segundo lugar, la modalidad online les ha permitido triplicar la cobertura y participación tanto de las charlas, como de los seminarios, y a su vez, duplicar la frecuencia de realización de estos, dada  la facilidad logística: no requerir espacio físico ni traslado de participantes. Por esta misma razón, han logrado incluir más exponentes extranjeros, lo cual le ha agregado valor a sus eventos.

Por otro lado, se han dado cuenta de las oportunidades que les ofrecía la modalidad virtual y han ido creando nuevos programas educativos de características novedosas tales como: Giras internacionales virtuales, tur educativo y cápsulas pedagógicas entre otras, lo cual finalmente les ha permitido que los estudiantes vivan una experiencia más global y ampliar el alcance e impacto de la Escuela en un 500% en relación a un año normal.

En suma, la implementación de un programa educativo online en contexto adverso, puede ser exitoso a pesar de no contar con las tecnologías adecuadas ni las competencias digitales, sí se logra empoderar a los profesores(as) y crear las condiciones para que se produzca la instancia de enseñanza-aprendizaje en un ambiente propicio para ello.

Priorizar el apoyo a los docentes e involucrarlos en la construcción de la solución es a mi juicio, el aspecto determinante para que esta Escuela pudiera sortear exitosamente el desafío que le presento la pandemia. Otro aspecto relevante fue posicionar a la tecnología solo como un medio para asegurar la experiencia educativa. Esta estrategia ha logrado que los profesores no tengan el trauma de haber tenido que subirse a una tecnología a la fuerza, si no, que por el contario, dado que la trasformación de sus clases y la adopción de las herramientas tecnológicas ha sido dosificada, casi sin darse cuenta han desarrollado sus competencias digitales y se han apropiado de la tecnología de tal forma que se han atrevido  a experimentar e inventar, lo cual los deja mejor preparados que si hubiesen tenido que aprender a usar las Tics a la fuerza.

Según mis años experiencia he podido comprobar que “menos tecnología,  es más experiencia educativa”, si bien, la tecnología da infinitas posibilidades y puede ser muy poderosa en educación, si no se le usa con sentido, con un propósito, y sí no se le da el valor justo para la función que cumple en una instancia educativa, puede transformarse en una gran barrera para lograr el aprendizaje.

Finalmente, el aspecto más significativo fue que la Escuela tuvo la lucidez de no actuar precipitadamente. Al detenerse, reflexionar y tomar decisiones de acuerdo a sus condiciones, logró revertir la barrera de la tecnología y trasformó esta crisis sanitaria en una oportunidad de reinventarse, adaptarse a un escenario incierto, ampliar su oferta con la creación de programas novedosos y crecer en su cobertura

“El futuro de la educación pasa por la identificación y puesta en valor de aquellas dimensiones de la práctica docente que son estrictamente humanas y que ninguna alternativa virtual puede sustituir”. Ainara Zubillaga Del Rio.

Perfil del autor

Veronica Herrera
Diseñadora y comunicadora especialista en entornos virtuales de aprendizaje, con más de 15 años de experiencia en los ámbitos de Educación, Innovación, Tecnología y Comunicación. Consultora independiente de diversas entidades tales como, la Universidad española Oberta de Catalunya; el instituto profesional IPLACEX; Comunidad Mujer; Universidad Adolfo Ibáñez; CONICYT, entre otras