Automatización: La retroexcavadora tecnológica

Para 2030, la firma de investigación del sector financiero, Autonomus Research, estima que en EEUU 1,2 millones de personas del sector bancario y financiero serán reemplazados por Inteligencia Artificial. Estos son puestos como cajeros, oficiales de crédito, representantes de servicio al cliente, entrevistadores de préstamos y empleados, gerentes financieros.

La automatización en la historia de la humanidad, ha generado grandes reestructuraciones en los mercados laborales. Permanentemente, los cambios tecnológicos desfavorecen a los empleos con roles de tareas rutinarias, beneficiando a quienes desempeñan tareas no-rutinarias.

En 2013, los economistas de Oxford, Frey y Osborne, sorprendieron a analistas y a quienes elaboran políticas públicas en el mundo, cuando estimaron que el 47% de los empleos en EEUU estaban en riesgo de automatización, según consta en su estudio “The Future of Employment: How Susceptible are Jobs to Computerisation?”.

Otro estudio en 2018 de la OCDE, “Automation, Skills Use and Training”, de las investigadoras y economistas Ljubica Nedelkoska y Glenda Quintini, evalúa la perturbación actual y potencial que provoca la automatización en los mercados laborales. Utiliza el enfoque Frey y Osborne en trabajos individuales en vez de empleos, aplicando datos del “Programa de Evaluación Internacional de Competencias de Adultos” (PIAAC) a los 32 países de la OCDE.

¡Los resultados del estudio de Nedelkoska y Quintini!

Nedelkoska y Quintini aplicaron el método de Frey y Osborne y generaron una función de probabilidad de riesgo. Se obtuvo que cerca del 14% de los empleos de los países que participan del PIAAC, son altamente automatizables, presentando una probabilidad de ocurrencia de más del 70%. Ello representaría 66 millones de trabajadores de los 32 países OCDE.

Otro 32% de los trabajos tiene un riesgo entre el 50% y 70%, que apunta a la posibilidad de un cambio importante en cómo se realizan estos trabajos como resultado de la automatización. Los trabajos en países anglosajones, nórdicos y holandeses son menos automatizables que los empleos en países de Europa del Este y del Sur, Alemania, Chile y Japón. Más del 66% de las variaciones entre países se explica por diferencias en la manera como la economía organiza el trabajo dentro de los mismos sectores económicos, y solo el 30% se explica por las diferencias en la estructura económica de las economías.

En el caso específico chileno, el 31% de los empleos  presenta un alto riesgo de automatización, con una probabilidad de más del 70%. Y otro grupo, que representa cerca del 20% de los trabajos, presenta un riesgo significativo de automatización, con una probabilidad entre 50% y 70%.

En la distribución de empleos en Chile (fuente: elaboración en base al INE), sectores como la Industria Manufacturera, Construcción y Transporte y Almacenamiento presentan en los niveles de calificación Mediana y Baja de sus trabajadores, valores que superan el 73% del conjunto, llegándose hasta el 89% en el caso de Transporte y Almacenamiento.

El 97% de los empleos asalariados privados en el trimestre junio-agosto de 2018 fueron de calificaciones Medias y Bajas.

Con este comportamiento, pareciera que los procesos productivos de la industria chilena están fuertemente soportados en niveles de empleos de formación mediana y baja. Este hecho hace que se eleve el riesgo de pérdida futura de estos empleos por sustitución debido a la automatización.

No todo es negro en este dramático panorama mundial. Se presentan enormes oportunidades para adecuarnos a este cambio o transformación que ya está ocurriendo en el planeta y que tiene todos los indicios de seguir adelante con su vertiginosa y acelerada carrera.

Existe una serie de tareas de difícil sustitución por la automatización, como las tareas Interactivas No-Rutinarias y la Analítica No-Rutinaria. Hoy, en Chile, este tipo de tareas no supera el 3% de las recientes contrataciones remuneradas por el mundo privado.

Entonces, queda planteado el desafío para ir desde ahora cambiando las tendencias en múltiples ámbitos como la formación en educación media, la actualización de procesos productivos y de negocio, la incorporación de nuevas industrias de alto valor agregado en productos y servicios.

Esta transformación debe comenzar hoy, pues el 2030 será tarde. Chile va retrasado y ni siquiera parece que haya tomado conocimiento consciente de esta situación pues las políticas públicas, la legislación y las fiscalizaciones siguen apuntando a sostener un modelo de desarrollo sustentando en los factores primarios de producción, o sea, el uso significativo de capital y trabajo. Los economistas saben que los países no crecen bajo esta fórmula que genera una alta concentración de capital humano especializado en tareas operativas y rutinarias que no demandan una formación académica avanzada.

Ser conscientes de esta situación es responsabilidad de todos, pero más aún lo es de los gobernantes, políticos y empresarios, porque ellos tienen el control absoluto de llevar adelante este cambio. En caso contrario, y ello está demostrado, la desigualdad social seguirá en una escalada permanente, y episodios como el 18-O tienen una alta probabilidad de volver a suceder, con la diferencia que millones de chilenos se incorporarán en la lista de la desigualdad e injusticia.

¿Esto es lo que quieren que le suceda a nuestro país (no tenemos otro de reemplazo)?