Ahora es el momento para cambiar

El Covid-19 complicó a un sinfín de empresas pequeñas porque ya no podían atender a sus clientes en sus oficinas, visitarlos o reunirse en algún otro sitio para poder recolectar los antecedentes que les permitirían hacer un negocio.

Como esta situación se mantendrá por mucho tiempo las organizaciones públicas, privadas, educacionales y la sociedad civil, deberán transformarse para seguir cumpliendo su misión de aporte al desarrollo del país, las ciudades y las personas.

Contadores, abogados, asesores financieros, asesores previsionales, y una enorme cantidad de otros oficios de trabajadores dependientes e independientes, han tenido que improvisar nuevos mecanismos de atención incorporando diversas tecnologías para comunicarse, intercambiar documentos, agendar reuniones, y así poder desempeñar su propia labor con alguna solución de productividad.

Sin embargo, cambiar de un día a otro la forma cómo se desarrolla el propio negocio, no es para nada de trivial, puesto que la gran mayoría se apoya en formas manuales para gestionar y administrar sus clientes, contenidos y el trabajo mismo.

Las instituciones de educación superior no están ajenas a esta cruda realidad. Hoy el corazón del modelo de enseñanza está fuertemente arraigado con una entrega presencial. La modalidad virtual no alcanza a llegar al 3% de la matrícula del sistema, comparado con el 17% de Brasil y de 15% de Estados Unidos.

Con el Covid-19 hoy se ha podido comprobar, una vez más, que el sistema educacional superior no estaba preparado para soportar una modalidad de enseñanza virtual.

Enseñanza virtual en el siglo XXI no significa enviarles a los estudiantes mails con tareas o links de contenidos. Tampoco lo significa que los profesores suban documentos en formato PDF en alguna plataforma de almacenamiento en la nube como G-Drive, OneDrive o Dropbox.

Por más difícil que sea aceptar ¡todo eso no es enseñanza virtual!

¿Dónde están las evaluaciones? ¿Las preguntas y respuestas? ¿El seguimiento al aprendizaje? ¿Dónde queda el propio proceso de enseñanza del docente? ¿Quién produce los contenidos requeridos? ¿Quién los certifica o acredita como apropiados? ¿Dónde están las plataformas tecnológicas para soportar estos usos?

Esta es la gran oportunidad que tiene el sistema de Educación Superior para transformarse, para evolucionar y abrirse a nuevas posibilidades de expansión y crecimiento. Este es el mejor justificativo que hay para para decidirse en invertir en la educación virtual, convertir a los docentes, actualizar las metodologías de enseñanza y los contenidos.

Los contadores, abogados, asesores financieros y previsionales tendrán que cambiar por la fuerza la forma de manejar su negocio. Y deberán hacerlo muy rápido o morirán en el camino.

Nuestro proceso educacional corre un importante riesgo que no se ha calculado ni visualizado. Los hechos y medidas recién comienzan. Las cuarentenas seguirán por un tiempo indeterminado. No hay vacunas. La inconciencia de algunos, extiende el contagio geométricamente. No hay certeza de cuando esto terminará.

¡Señoras y señores, debemos avanzar ahora con extrema urgencia hacia los modelos virtuales, en todo orden de cosas, que respondan a la demanda y realidad!

Las plataformas en línea de hoy no están a la altura de las necesidades actuales.

 

Perfil del autor

Cristian Ocaña
Asesor visionario centrado en generar redes en industrias como la ciberseguridad, la educación y el gobierno. Está profundamente comprometido con la tutoría de nuevos emprendedores en redes sociales y nuevas empresas de TI.